Del libro del Profeta Daniel 6,12-28. Jueves 28 de Noviembre de 2019.
«MI DIOS ENVIÓ A SU ÁNGEL PARA CERRAR LAS FAUCES DE LOS LEONES».
En aquellos días, unos hombres fueron a espiar a Daniel y lo sorprendieron haciendo oración a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey Darío: «Señor, ¿no has firmado tú un decreto, que prohíbe, durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre que no seas tú, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?». El rey contestó: «El decreto está en vigor, como ley irrevocable para medos y persas». Ellos le replicaron: «Pues Daniel, uno de los desterrados de Judea, no ha obedecido el decreto que firmaste, porque tres veces al día hace oración a su Dios».
Al oír estas palabras, el rey se afligió mucho, se propuso salvar a Daniel y hasta la puesta del sol estuvo buscando el modo de librarlo. Pero aquellos hombres, comprendiendo que el rey quería salvar a Daniel, le urgían diciéndole: «Señor, tú sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto real es irrevocable».
Entonces el rey ordenó que trajeran a Daniel y lo arrojaran al foso de los leones. Pero le dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te va a librar».
Trajeron una piedra, taparon con ella la entrada del foso y el rey la selló con su sello y con el de sus funcionarios, para que nadie pudiera modificar la sentencia dada en contra de Daniel. Después el rey se volvió a su palacio y se pasó la noche sin probar bocado y sin poder dormir.
Al amanecer, se levantó y se dirigió a toda prisa al foso delos leones. Y acerca del foso le gritó angustiado a Daniel: «Daniel, siervo del Dios vivo, ¿ha podido salvarte de los leones tu Dios, a quien veneras fielmente?». Daniel le contestó: «Viva siempre el rey. Mi Dios envió a sus ángeles para cerrar las fauces de los leones y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como lo soy también ante ti».
El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo, vieron que no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. Luego ordenó que trajeran a los que habían acusado a Daniel y los arrojaran al foso de los leones con sus hijos y sus esposas. No habían llegado al suelo y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra: «Paz y bienestar. Ordeno y mando que en mi imperio, todos respeten y teman al Dios de Daniel.
Él es el Dios vivo, que permanece para siempre. Su reino no será destruido, su imperio durará hasta el fin. Él salva y libra, obra prodigios y señales en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones»

1. CONTEXTO HISTÓRICO.
Son dos los personajes: Daniel profeta y Darío Rey.
Hay dos referencias bíblicas:
- En el Libro de Daniel se habla de un tal Darío el Medo, quien habría conquistado Babilonia, se trata de un personaje ficticio, inspirado por Darío I y fruto de un anacronismo del autor de Daniel, quien escribió varios siglos más tarde.
- En el Libro de Esdras (6,1) del Antiguo Testamento se describen las órdenes para reconstruir el templo de Jerusalén, terminado, según algunos estudiosos, en el sexto año de Darío I; aproximadamente en marzo del 515 a. C. En el mismo libro se mencionan cartas o decretos de Darío, "descubiertos" en tiempos de Artajerjes, nieto de Darío I.
Daniel es un personaje judío real que relata la época del exilio de Babilonia.

El profeta Daniel en la Capilla Sixtina.
Se conoce con el nombre de Cautiverio de Babilonia o Cautividad en Babilonia al período que comprende desde el año 587 hasta 537 a. C. en el que parte considerable de los hebreos que habitaban el sureño Reino de Judá estuvieron exiliados en Babilonia, comenzando la deportación y el exilio de los judíos inmediatamente después de la toma de Jerusalén y la destrucción del Templo por Nabucodonosor II y finalizando con el supuesto edicto del rey persa Ciro de 538 a. C. que permitió el regreso de los judíos a sus tierras de origen en el año siguiente.

El consenso académico, incluidos la mayor parte de los estudiosos confesionales, considera que el libro fue compuesto en el siglo II a. C. Esta tesis fue propuesta ya en el siglo III de nuestra era por Porfirio un filósofo y filólogo neoplatónico, opuesto al cristianismo. Otros teólogos y estudiosos, en cambio, interpretan que fue escrito durante el exilio judío en Babilonia, y aducen que en Ezequiel (capítulo 14:14) se nombra a Daniel lo que confirmaría la existencia de este durante el exilio en Babilonia, aunque hay quienes creen que se refiere a otro personaje. Agregan que, según Flavio Josefo, se le mostró este libro a Alejandro Magno cuando estuvo en Jerusalén, lo que indicaría que ya estaba compuesto en 332 a. C. Sin embargo, la visita de Alejandro a Jerusalén es considerada como legendaria por la mayor parte de los historiadores
Así que hablamos del cautiverio de Babilonia, la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor II y el inicio del imperio Medo-Persa., para quienes lo atribuyen al siglo VI a. C. y de la persecución Seléucida, si se acepta la fecha del siglo II a.C.
2. ASPECTOS BÍBLICOS.
2.1. ESTILO LITERARIO
Entre todos los géneros literarios que se consideran en la Biblia: legislativo, sapiencial, lírico, profético, apocalíptico, histórico y epistolar, el Libro de Daniel se clasifica dentro del estilo apocalíptico.
Se conoce como género apocalíptico a un conjunto de expresiones literarias surgidas en la cultura hebrea y cristiana durante el período helénico y romano (siglos II y I aC y siglos I hasta mediados del siglo II dC) y que expresan, por medio de símbolos y complejas metáforas, la situación de sufrimiento del pueblo judío o de los seguidores de Cristo y su esperanza en una intervención mesiánica salvadora o en el caso de la apocalíptica cristiana en la Parusía o segunda venida de Cristo.
El contexto histórico en el que surgen los apocalipsis es el de tiempos de crisis percibida como extrema. Los primeros apocalipsis, entre los que se cuenta el Libro de Daniel, son de la época de Antíoco IV Epífanes (175-164 a. C.), en particular del tiempo de persecución bajo su reinado,1 y de la sublevación judía de los Macabeos (166-160 a. C.). Es la época de la helenización intensiva de Jerusalén y de los territorios judíos. Antíoco Epífanes profana el templo y se produce una gran escisión entre los judíos: los que aceptan las prácticas helenísticas y los que forman una resistencia político-religiosa organizada en torno a los Macabeos. Otro momento de gran crisis para el mundo judío se vive en el siglo I a. C.: en el 63 a. C. Pompeyo conquista Jerusalén, los romanos ocupan Palestina y el poder real y sacerdotal de Jerusalén está bajo la tutela romana. Conviven muchas facciones político-religiosas (fariseos, saduceos, asideos, zelotes, esenios...) y se experimentan grandes esperanzas mesiánicas.
Un tercer momento de gran crisis se vive en el siglo I d. C.: en los años 60 tienen lugar las grandes persecuciones de cristianos por Nerón; en el 70-73 se aplasta la sublevación judía, se toma Jerusalén y se destruye el templo. Después del 73 aumentan los conflictos entre judíos y cristianos hasta la casi total ruptura en los años 90. Entre 81 y 96 Domiciano impone el culto al emperador y se producen más persecuciones de cristianos. Y el cuarto período de crisis que influye en los apocalipsis se vive en el siglo II d. C., cuando se mantienen las persecuciones de cristianos y los judíos se sublevan por segunda vez contra Roma (la sublevación encabezada por el líder político-religioso Bar Kokba en 132-135) y sufren una aplastante derrota. Ante estos momentos, el cuadro trazado por los apocalipsis es tenebrista y atribulado. Se habla del presente como período de corrupción, transgresión y opresión por parte de un poder blasfemo y arrogante, todo lo cual se denuncia.
En la versión de los LXX, Daniel va sexto entre los profetas, luego de Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc y Ezequiel. Esta ubicación la heredaron luego todas las demás biblias cristianas, las cuales lo consideran uno de los Profetas Mayores.
El libro de Daniel fue escrito en tres lenguas diferentes:
La primera parte del libro narra la historia del profeta Daniel, quien según el mismo libro, vivió en Babilonia como exiliado junto con el resto del pueblo hebreo en el siglo VI a. C. En esta parte se narran las vicisitudes de Daniel y otros tres compañeros por ser fieles a Dios, al contrario de lo mandado por Nabucodonosor II, rey de los babilonios. Igualmente se narra la sabiduría de Daniel al interpretar correctamente los sueños y visiones del rey. Por último, relata lo sucedido con Daniel cuando los babilonios fueron vencidos; si bien dicha conquista se atribuye a un tal Darío el Medo, desconocido por la Historia, en lugar de por Ciro II, rey de los Persas.
La segunda parte del libro históricamente puede referirse a lo sucedido en Medio Oriente (particularmente en Judea) cuando la Dinastía Ptolemaica y la Dinastía Seléucida peleaban por el territorio, y más tarde durante el reinado de Antíoco IV Epífanes quien intentó suprimir el culto judío en Jerusalén y reemplazarlo por un culto helenista.
Existen además cinco relatos deuterocanónicos, cuyos originales sólo se conservan en griego, por lo que no todas las iglesias las aceptan como parte del canon bíblico. Estas secciones son:
2.2. EL PUEBLO JUDIO DE ENTONCES
El tema y asuntos apocalípticos fueron muy populares entre los judíos de la post-diáspora (después del exilio babilónico), lo que dio lugar a la proliferación de apocalipsis. Algunos de estos textos han llegado a ser canónicos . Los textos apocalípticos que han sido incorporados al canon de la Biblia son los siguientes:
3. ASPECTOS TEOLÓGICOS.
El libro de Daniel pretende mostrar el futuro de Israel, infundir esperanza al pueblo judío en medio de la opresión, pero también señalar que hay un día de juicio (el mismo nombre Daniel "Dios es mi Juez" o "juicio de Dios" sugiere el objetivo del libro), en el cual Dios destruirá a todos aquellos que se le oponen y persiguen a su pueblo; "Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas, y un Anciano de grande edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego y sus ruedas fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía delante de él, millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él. El Juez se sentó y los libros se abrieron" Daniel 7:9-10.
Todas las profecías del libro de Daniel terminan con el establecimiento del Reino de Dios. Ese Reino es encabezado por el Hijo del Hombre (Bar Enach), simbolismo del pueblo de Israel redimido y santificado: "Miraba yo en la visión de noche, y he aquí en las nubes del cielo como un Hijo de Hombre que venía... Y le fue dado señorío, gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá" Daniel 7:13-14.
Jesús interpretó esta profecía como referida al Mesías y a su persona, al respecto en el evangelio de Mateo 24:30 se le atribuye esta sentencia: "Y entonces se mostrará la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentaran todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre que vendrá sobre las nubes de los cielos, con gran poder y gloria".
En el evangelio de Mateo 24:15 también se hace referencia a la "abominable desolación" de Daniel 9:27 en sentido futuro y además lo denomina Profeta, confirmando su inclusión en los Profetas.
Se revela a Yahveh como Dios y Creador del Universo que conoce el futuro y decide compartirlo con los seres humanos, teniendo como final el establecimiento de su Reino y soberanía en la Historia. También representa una de las primeras manifestaciones de la esperanza en una resurrección y día de juicio individual: "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Daníel 12:2).
«MI DIOS ENVIÓ A SU ÁNGEL PARA CERRAR LAS FAUCES DE LOS LEONES».
En aquellos días, unos hombres fueron a espiar a Daniel y lo sorprendieron haciendo oración a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey Darío: «Señor, ¿no has firmado tú un decreto, que prohíbe, durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre que no seas tú, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?». El rey contestó: «El decreto está en vigor, como ley irrevocable para medos y persas». Ellos le replicaron: «Pues Daniel, uno de los desterrados de Judea, no ha obedecido el decreto que firmaste, porque tres veces al día hace oración a su Dios».
Al oír estas palabras, el rey se afligió mucho, se propuso salvar a Daniel y hasta la puesta del sol estuvo buscando el modo de librarlo. Pero aquellos hombres, comprendiendo que el rey quería salvar a Daniel, le urgían diciéndole: «Señor, tú sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto real es irrevocable».
Entonces el rey ordenó que trajeran a Daniel y lo arrojaran al foso de los leones. Pero le dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te va a librar».
Trajeron una piedra, taparon con ella la entrada del foso y el rey la selló con su sello y con el de sus funcionarios, para que nadie pudiera modificar la sentencia dada en contra de Daniel. Después el rey se volvió a su palacio y se pasó la noche sin probar bocado y sin poder dormir.
Al amanecer, se levantó y se dirigió a toda prisa al foso delos leones. Y acerca del foso le gritó angustiado a Daniel: «Daniel, siervo del Dios vivo, ¿ha podido salvarte de los leones tu Dios, a quien veneras fielmente?». Daniel le contestó: «Viva siempre el rey. Mi Dios envió a sus ángeles para cerrar las fauces de los leones y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como lo soy también ante ti».
El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo, vieron que no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. Luego ordenó que trajeran a los que habían acusado a Daniel y los arrojaran al foso de los leones con sus hijos y sus esposas. No habían llegado al suelo y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra: «Paz y bienestar. Ordeno y mando que en mi imperio, todos respeten y teman al Dios de Daniel.
Él es el Dios vivo, que permanece para siempre. Su reino no será destruido, su imperio durará hasta el fin. Él salva y libra, obra prodigios y señales en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones»

1. CONTEXTO HISTÓRICO.
Son dos los personajes: Daniel profeta y Darío Rey.
Hay dos referencias bíblicas:
- En el Libro de Daniel se habla de un tal Darío el Medo, quien habría conquistado Babilonia, se trata de un personaje ficticio, inspirado por Darío I y fruto de un anacronismo del autor de Daniel, quien escribió varios siglos más tarde.
- En el Libro de Esdras (6,1) del Antiguo Testamento se describen las órdenes para reconstruir el templo de Jerusalén, terminado, según algunos estudiosos, en el sexto año de Darío I; aproximadamente en marzo del 515 a. C. En el mismo libro se mencionan cartas o decretos de Darío, "descubiertos" en tiempos de Artajerjes, nieto de Darío I.
Daniel es un personaje judío real que relata la época del exilio de Babilonia.
El profeta Daniel en la Capilla Sixtina.
Se conoce con el nombre de Cautiverio de Babilonia o Cautividad en Babilonia al período que comprende desde el año 587 hasta 537 a. C. en el que parte considerable de los hebreos que habitaban el sureño Reino de Judá estuvieron exiliados en Babilonia, comenzando la deportación y el exilio de los judíos inmediatamente después de la toma de Jerusalén y la destrucción del Templo por Nabucodonosor II y finalizando con el supuesto edicto del rey persa Ciro de 538 a. C. que permitió el regreso de los judíos a sus tierras de origen en el año siguiente.

El consenso académico, incluidos la mayor parte de los estudiosos confesionales, considera que el libro fue compuesto en el siglo II a. C. Esta tesis fue propuesta ya en el siglo III de nuestra era por Porfirio un filósofo y filólogo neoplatónico, opuesto al cristianismo. Otros teólogos y estudiosos, en cambio, interpretan que fue escrito durante el exilio judío en Babilonia, y aducen que en Ezequiel (capítulo 14:14) se nombra a Daniel lo que confirmaría la existencia de este durante el exilio en Babilonia, aunque hay quienes creen que se refiere a otro personaje. Agregan que, según Flavio Josefo, se le mostró este libro a Alejandro Magno cuando estuvo en Jerusalén, lo que indicaría que ya estaba compuesto en 332 a. C. Sin embargo, la visita de Alejandro a Jerusalén es considerada como legendaria por la mayor parte de los historiadores
Así que hablamos del cautiverio de Babilonia, la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor II y el inicio del imperio Medo-Persa., para quienes lo atribuyen al siglo VI a. C. y de la persecución Seléucida, si se acepta la fecha del siglo II a.C.
2. ASPECTOS BÍBLICOS.
2.1. ESTILO LITERARIO
Entre todos los géneros literarios que se consideran en la Biblia: legislativo, sapiencial, lírico, profético, apocalíptico, histórico y epistolar, el Libro de Daniel se clasifica dentro del estilo apocalíptico.
Se conoce como género apocalíptico a un conjunto de expresiones literarias surgidas en la cultura hebrea y cristiana durante el período helénico y romano (siglos II y I aC y siglos I hasta mediados del siglo II dC) y que expresan, por medio de símbolos y complejas metáforas, la situación de sufrimiento del pueblo judío o de los seguidores de Cristo y su esperanza en una intervención mesiánica salvadora o en el caso de la apocalíptica cristiana en la Parusía o segunda venida de Cristo.
El contexto histórico en el que surgen los apocalipsis es el de tiempos de crisis percibida como extrema. Los primeros apocalipsis, entre los que se cuenta el Libro de Daniel, son de la época de Antíoco IV Epífanes (175-164 a. C.), en particular del tiempo de persecución bajo su reinado,1 y de la sublevación judía de los Macabeos (166-160 a. C.). Es la época de la helenización intensiva de Jerusalén y de los territorios judíos. Antíoco Epífanes profana el templo y se produce una gran escisión entre los judíos: los que aceptan las prácticas helenísticas y los que forman una resistencia político-religiosa organizada en torno a los Macabeos. Otro momento de gran crisis para el mundo judío se vive en el siglo I a. C.: en el 63 a. C. Pompeyo conquista Jerusalén, los romanos ocupan Palestina y el poder real y sacerdotal de Jerusalén está bajo la tutela romana. Conviven muchas facciones político-religiosas (fariseos, saduceos, asideos, zelotes, esenios...) y se experimentan grandes esperanzas mesiánicas.
Un tercer momento de gran crisis se vive en el siglo I d. C.: en los años 60 tienen lugar las grandes persecuciones de cristianos por Nerón; en el 70-73 se aplasta la sublevación judía, se toma Jerusalén y se destruye el templo. Después del 73 aumentan los conflictos entre judíos y cristianos hasta la casi total ruptura en los años 90. Entre 81 y 96 Domiciano impone el culto al emperador y se producen más persecuciones de cristianos. Y el cuarto período de crisis que influye en los apocalipsis se vive en el siglo II d. C., cuando se mantienen las persecuciones de cristianos y los judíos se sublevan por segunda vez contra Roma (la sublevación encabezada por el líder político-religioso Bar Kokba en 132-135) y sufren una aplastante derrota. Ante estos momentos, el cuadro trazado por los apocalipsis es tenebrista y atribulado. Se habla del presente como período de corrupción, transgresión y opresión por parte de un poder blasfemo y arrogante, todo lo cual se denuncia.
En la versión de los LXX, Daniel va sexto entre los profetas, luego de Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc y Ezequiel. Esta ubicación la heredaron luego todas las demás biblias cristianas, las cuales lo consideran uno de los Profetas Mayores.
El libro de Daniel fue escrito en tres lenguas diferentes:
- Hebreo: (1:1 - 2:4a y 8-12);
- Arameo: (2:4b - 7:28);
- Griego: las partes deuterocanónicas mencionadas arriba.
La primera parte del libro narra la historia del profeta Daniel, quien según el mismo libro, vivió en Babilonia como exiliado junto con el resto del pueblo hebreo en el siglo VI a. C. En esta parte se narran las vicisitudes de Daniel y otros tres compañeros por ser fieles a Dios, al contrario de lo mandado por Nabucodonosor II, rey de los babilonios. Igualmente se narra la sabiduría de Daniel al interpretar correctamente los sueños y visiones del rey. Por último, relata lo sucedido con Daniel cuando los babilonios fueron vencidos; si bien dicha conquista se atribuye a un tal Darío el Medo, desconocido por la Historia, en lugar de por Ciro II, rey de los Persas.
La segunda parte del libro históricamente puede referirse a lo sucedido en Medio Oriente (particularmente en Judea) cuando la Dinastía Ptolemaica y la Dinastía Seléucida peleaban por el territorio, y más tarde durante el reinado de Antíoco IV Epífanes quien intentó suprimir el culto judío en Jerusalén y reemplazarlo por un culto helenista.
Existen además cinco relatos deuterocanónicos, cuyos originales sólo se conservan en griego, por lo que no todas las iglesias las aceptan como parte del canon bíblico. Estas secciones son:
- La oración de Azarías.
- El cántico de los tres jóvenes.- el canto que entonan dentro del horno los compañeros de Daniel.
- La historia de Susana.
- Daniel y los sacerdotes de Bel.
- Daniel y el Dragón.
2.2. EL PUEBLO JUDIO DE ENTONCES
El tema y asuntos apocalípticos fueron muy populares entre los judíos de la post-diáspora (después del exilio babilónico), lo que dio lugar a la proliferación de apocalipsis. Algunos de estos textos han llegado a ser canónicos . Los textos apocalípticos que han sido incorporados al canon de la Biblia son los siguientes:
- El libro de Daniel (Daniel 1-12).
- El denominado apocalipsis isaítico, contenido en el libro de Isaías (Isaías 24-27; 33; 34-35).
- Varios pasajes del libro del profeta Ezequiel (Ezequiel 2:8-3;3:38-39).
- Pasajes del libro del profeta Zacarías (Zacarias 12-14).
- Pasajes del libro del profeta Joel (Joel 2).
- El llamado Discurso Escatológico en los evangelios (Mc 13, Mateo 24, Lc 21).
- Pasajes de las Cartas de San Pablo (1Tesalonicenses 4:13-5:11; 2Tesalonicenses 2).
- El Apocalipsis según san Juan.
3. ASPECTOS TEOLÓGICOS.
El libro de Daniel pretende mostrar el futuro de Israel, infundir esperanza al pueblo judío en medio de la opresión, pero también señalar que hay un día de juicio (el mismo nombre Daniel "Dios es mi Juez" o "juicio de Dios" sugiere el objetivo del libro), en el cual Dios destruirá a todos aquellos que se le oponen y persiguen a su pueblo; "Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas, y un Anciano de grande edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego y sus ruedas fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía delante de él, millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él. El Juez se sentó y los libros se abrieron" Daniel 7:9-10.
Todas las profecías del libro de Daniel terminan con el establecimiento del Reino de Dios. Ese Reino es encabezado por el Hijo del Hombre (Bar Enach), simbolismo del pueblo de Israel redimido y santificado: "Miraba yo en la visión de noche, y he aquí en las nubes del cielo como un Hijo de Hombre que venía... Y le fue dado señorío, gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá" Daniel 7:13-14.
Jesús interpretó esta profecía como referida al Mesías y a su persona, al respecto en el evangelio de Mateo 24:30 se le atribuye esta sentencia: "Y entonces se mostrará la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentaran todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre que vendrá sobre las nubes de los cielos, con gran poder y gloria".
En el evangelio de Mateo 24:15 también se hace referencia a la "abominable desolación" de Daniel 9:27 en sentido futuro y además lo denomina Profeta, confirmando su inclusión en los Profetas.
Se revela a Yahveh como Dios y Creador del Universo que conoce el futuro y decide compartirlo con los seres humanos, teniendo como final el establecimiento de su Reino y soberanía en la Historia. También representa una de las primeras manifestaciones de la esperanza en una resurrección y día de juicio individual: "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Daníel 12:2).
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